Preparar una travesía

Preparar una travesía.

 

 

Unas vacaciones a bordo o una travesía de altura tienen en común que en ambos casos vamos a hacer del barco nuestro hogar, transporte y refugio.  Por tanto saber con qué barcoy tripulación contamos, escoger destino o programar fechas se convierten en cuestiones fundamentales antes de zarpar.

 

Compromiso entre barco y programa

 

Todos hemos leído sobre circunnavegaciones con veleros de pequeña eslora y grandes relatos de navegantes en solitario. Esas aventuras no son para nosotros, al menos por el momento. Hemos, por el contrario, conocer bien las prestaciones del barco y adaptar el programa a ellas.  Aspectos cómo la velocidad, estabilidad y habitabilidad se convierten en parámetros sobre los que construir tu travesía.

Más allá de los aspectos legales como zona de navegación y cobertura del seguro, debemos escoger entre navegación de altura o costera, por ejemplo, o entre dormir en puerto o fondeados. Y ello se elegirá, entre otros criterios, por el tipo de barco y de maniobra de la que consta. Si deseamos saltar de cala en cala, sin prisas,  para que niños y mayores disfruten del contacto con la naturaleza necesitarás un barco ante todo habitable(aunque sea más lento y pesado) y con una buena y saneada maniobra de fondeo; si planeamos navegar hasta alguna isla a varios centenares de millas y amarrar en puerto necesitaremos un barco que por lo menos no sea lento, que navegue aceptablemente en ceñida y que pueda hacer frente a hipotéticos oleajes. De lo contrario la bucólica travesía se puede convertir en una interminable experiencia para los más noveles.

 

 

Motivaciones personales

 

¿Cuál es el verdadero motivo por el que nos embarcamos? ¿Buscamos emociones, adrenalina o bien deseamos alejarnos del mundanal ruido por unos días? Conocer los verdaderos motivos por los cuales organizamos una travesía hará que todo sea mucho más fácil: resulta frustrante quedar atrapados en un barco que no nos sentimos cómodos,  o en el que tenemos por compañero a alguien que no desea estar ahí. Mucha gente embarca en travesías largas llenas de entusiasmo y descubren que no están hechos para la navegación de altura.  Otras, en cambio, no soportan la tranquilidad de las calas y no dejaran de refunfuñar hasta que salgan a navegar. Seremos claros y consecuentes con nuestras intenciones desde el inicio.

 

 

Estado de la embarcación y material a bordo.

 

La ley de Murphy esta muy presente en la náutica.  Revisaremos muy bien la embarcación donde pasaremos los próximos días. Es preferible perder unas horas en puerto antes de zarpar que perder un día (o varios) en mitad de la travesía: no dejaremos nada al azar.  Una driza pelada, unas baterías viejas, un lavabo que no funciona del todo bien acabarán por romperse en el punto más alejado de tierra que puedas encontrar durante tu travesía. Sin embargo, es fácilmente solucionable con un minucioso checklist. Un buen surtido de recambios resulta esencial. No pueden faltar cabos en buenas condiciones, filtros y correas, alguna polea, tornillería y una buena caja de herramientas. Nos familiaricemos con los circuitos del barco: depósitos, grifos y válvulas no deben resultarnos desconocidos. En caso de necesidad, siempre será mejor tener un mínimo conocimiento de cómo se estructura el barco y no andar descubriéndolo a toda prisa.  

 

Elección de la derrota

 

Querremos conocer los detalles y particularidades de nuestra zona de navegación. Para ello, además de las obligadas cartas necesitaremos derroteros de calidad. Entrar en una bahía sin un estudio previo no debiera ser aceptado por ningún marino.  El derrotero también nos ayudará a mejorar nuestro descanso al facilitarnos todo tipo de información sobre servicios y posibilidades en tierra. 

En la elección de la derrota en si misma optaremos por la ruta más sencilla,  estableceremos puntos de recala en caso de mal tiempo y tendremos muy presente la meteorología, de la que siempre haremos una lectura conservadora.  15 nudos de proa en una travesía costera puede ser excitante y puede ser una pesadilla en una travesía de altura. La posibilidad de refugiarnos en un puerto con facilidad o saber que todo seguirá igual (o peor) durante las próximas quince horas marcan una gran diferencia.

 

 La energía para la vida a bordo

 

Alternador, cargador de baterías, placas solares, consumo de combustibles, puertos dónde puedo llenar los depósitos, etc… conceptos que deben ser conocidos y dominados. Uno de los peores sentimientos que se pueden tener a bordo es el de perder una mañana intentando hacer combustible en una marina atestada, luchando por un hueco en gasolinera, cuando se supone que durante nuestras vacaciones huimos precisamente de las aglomeraciones.  Una buena planificación de la ruta y de las paradas así como conocer los consumos de nuestra embarcación eliminará el problema.

 

Márgenes

 

No se debe emprender una travesía sin cierta holgura. De tiempo y de recursos. No se debe navegar a contra reloj, debes contar con un par de días extra para eventualidades.  No tener la posibilidad de retrasar unas horas o un día una travesía te deja a merced de la meteorología y lo que podía ser una agradable navegación se convierte en una incómoda e interminable ceñida. Hay que ser conscientes que en un barco los tiempos son muy relativos y hay que estar dispuesto a aceptar cambios en el programa.

Lo mismo sucede con el dinero. Antes o después surgirán gastos imprevistos. El presupuesto debe ser flexible.  Al embarcar debemos estar preparados para desembolsos no programados. Siempre será mejor planificar a la baja y guardarnos un as (mejor un par) en la manga.  La presión significa preocupación y la preocupación nunca soluciona los problemas, más bien al contrario, los acrecienta.  Si disponemos de un barco una semana, planificaremos una travesía de cinco o seis días y la iremos adaptando según vayan pasando las jornadas y según se presente la meteorología.

 

¿Existe algo más placentero que navegar suavemente sin andar comprobando velocidad y horarios,  calculando y recalculando la hora de llegada?  ¿No llevamos todo el año, entre rutinas y atascos, esperando este momento para sentirnos absolutamente libres?