Regatas Barcelona: buenas decisiones tácticas.

Hoy hemos salido a navegar con la tripulación un poco coja. Eramos pocos y el parte era generoso: fuerza 5 y rachas de hasta fuerza 7. Un día para tener una tripulación bien desayunada y haciendo banda en nuestro pequeño Platu 25. Pero al final solo quedamos tres. Primera decisión: vamos a la regata, pero con la calma, sin tomar riesgos; si no se controla bien el barco, abandonamos tranquilamente.

De camino al campo de regatas, vemos que el LImit va pasado de trapo: y no llevamos rizos. No pasa nada, más formación náutica, un buen intensivo sobre control de escora.  Un par de orzadas salvajes nos indican que es un poco prematuro para Nuria y Laia. No conocen todavía bien el barco para sentirse cómodas en este potro desbocado. Segunda decisión: no vamos de regata. Practicamos a nuestro ritmo y volvemos poco a poco hacia Badalona. Además, el cielo esta cada vez más interesante.

Al cabo de unos cantos bordos, esta claro que hace falta peso y reducir vela. No conseguimos avanzar: el viento ha subido y estamos en un extremo de la tormenta. Optamos por encender el motor y ¡ups! no quiere encender. Y entonces, la elección es simple: o nos ponemos a ceñir (malceñir diría yo) durante un par de horas largas o nos dejamos caer alegremente hasta el port olimpic. Además que una entrada a vela con viento de proa en bocana se te puede atragantar si la tripulación no lo tiene muy claro. En este sentido, el olimpic te proporciona una entrada más amplia. Y llega la tercera decisión: media vuelta y amarramos en Barcelona.

Y es así, cómo a partir de decisiones sencillas, convertimos una mañana dura e intensa en una magnífica y alegre clase de vela, con simulacro de entrada de emergencia incluido.

Mi humilde consejo a todo aquel que le pueda interesar siempre lo más sencillo: navega fácil. La opción más simple es normalmente la buenaLa vida ya se encarga de darnos complicaciones.

Dani de BIta.