Formación náutica: un fin de semana estelar.

Nuestro único objetivo al salir de puerto era el de navegar, ir despachando millas sin dejar de mirar el cielo. La previsión no era del todo buena para nuestros propósitos: viento suave y cielos nublados. Primaba la navegación a vela sobre el conseguir o no conseguir nuestro objetivo: waypoint frente a Formentor y otro al norte de punta Nati en Menorca. 

Y todo empezó de la mejor manera posible: buena sintonía entre la tripulación y ganas de aprender. Lástima que el autor de este blog náutico, que se esconde tras la cámara, olvidó algo tan importante como el almanaque. ¡Qué desastre!

-Me he olvidado...-acerté a decir con risa nerviosa- es que...-y ninguna excusa fundada salía en mi ayuda.

Por suerte, con hacer un par de millas de regreso hasta obtener cobertura y una oportuna llamada a nuestro colega (y tsen tsei) de Yacht PointPere Valera, para que nos enviara fotografiadas las páginas que necesitábamos, quedó todo solucionado. Creo que la tecnología me salvó de ser lanzado por la borda. 

En el track grabado en el AIS del barco (debidamente oculto a los tripulantes) se puede apreciar la "z" en la derrota del barco, no exenta de elegancia.

En el track grabado en el AIS del barco (debidamente oculto a los tripulantes) se puede apreciar la "z" en la derrota del barco, no exenta de elegancia.

No conseguimos afinar con las estrellas y planetas: encontramos ocaso y ortos nublados durante toda la travesía. Ambas noches obtuvimos posición por la luna (en menguante pero con suficiente luz para creer distinguir el horizonte) en dos alturas no simultáneas. Y aunque no resultó sencillo conseguimos una posición aceptable.

 

El sol nos despejó las dudas: altura por la mañana, meridiana y altura por la tarde. Utilizamos tres sextantes simultáneamente (de lo que se trata es de practicar) con sus respectivos cálculos y nos dió mucha confianza ver que estábamos navegando en el mismo mar, separados por unas pocas millas. Utilizamos el sistema británico que, aún siendo muy parecido al español, nos libró de cosenos y dela calculadora, a cambio de una precisión no "milimétrica". En mi opinión, no hay necesidad de afinar a la milla a cambio de farragosos y laboriosos cálculos. Navega fácil (o por lo menos inténtalo), ese es mi mantra.

No podía faltar el "compass check".

No podía faltar el "compass check".

También aprendimos a comprobar que la aguja siguiera marcando razonablemente después de algún acontecimiento electromagnético, como la caída de un rayo. Obviamente no invocamos a Thor pero comparamos el azimut del sol con la sombra que este mismo daba sobre el pináculo central de la aguja. Y todo marchaba.

Con los deberes hechos, al saber donde estábamos y hacia dónde íbamos, no escatimamos esfuerzos en comer bien. Nuestro querido Jaume, el mejor panadero a esta orilla del Ter, nos enseñó cómo hacer pan a bordo y en apenas un par de horas: fue mi oportunidad para ganarme a la tripu, al sacar unas butifarras de cal deú que tenía preparadas para el momento oportuno. Eso sí, Gerard Marín, no perdió detalle del proceso. Que a nadie le extrañe que en la próxima Barcelona World Race uno de los barcos se abastezca así mismo de pan fresco. Por lo menos alguien le pudo enseñar algo a bordo al regatista. Aprovecho para agradecer la inmensa paciencia de nuestro compañero, que no dejó ninguna pregunta sin contestar.

Y así fuimos los dos días, comiendo, estudiando y durmiendo...sin prisa pero sin pausa, siempre navegando, con el rumor del oleaje contra el casco del siempre fiable Aquitat III, un rumor que siempre se me antoja una melodía alegre, feliz, que celebra el privilegio de aquellos que pueden disfrutar del mar....

Dani de Bita