Navegación en condiciones duras

Más tarde o más temprano, por muy precavidos que seamos, nos encontraremos navegando bajo condiciones que están lejos de ser ideales. Es una cuestión de tiempo más que de sabiduría náutica. Cómo haremos frente a un mar agitado sí que dependerá de nuestra formación y habilidad.

Cuando nos vemos sorprendidos por condiciones duras debemos ante todo asegurar la estabilidad y maniobrabilidad de la embarcación. La apacible carretera se ha convertido en una pista forestal, bacheada y con continuos desniveles: obviamente no podremos conducir igual o romperemos nuestro vehículo. Tomaremos medidas para evitar pantocazos, escoras excesivas, y por tanto roturas o posibles caídas. Lo más inmediato será ajustar rumbo y velocidad: necesitamos negociar con comodidad el oleaje, más allá de si decidimos correr o capear. Este ajuste vendrá determinado por una correcta superfície vélica: no se trata de rizar al máximo, sino de rizar lo necesario para mantener la embarcación ágil; sufriremos tanto pasados de trapo como por falta de potencia. También puede ser aconsejable desactivar el piloto automático y timonear a mano. Las prestaciones de los actuales pilotos son enormes pero no son capaces de anticipar el mar de forma adecuada y si tenemos una altura de ola considerable necesitaremos remontarlas y descenderlas o surfearlas (dependiendo si capeamos o corremos) y solo se consigue con ayuda de nuestra visión y anticipación. El balanceo y los pantocazos se reducirán y con ello, la sensación de estar a merced de los elementos. 

 

La necesidad de timonear pone de relevancia la importancia de contar con timoneles frescos (en la medida de lo posible). Se harán necesarios relevos para gobernar y para ello necesitaremos un sistema eficiente de guardias. Cuando se acerque el mal tiempo debemos tener muy claro cómo gestionartres parámetros básicosabrigo, descanso y comida. Si conseguimos una tripulación caliente y nutrida, todo será más fácil. En ocasiones, los miembros de la tripulación con poca formación pueden ser muy útiles organizando las comidas y el orden a bordo.

 

Si las condiciones se vuelven muy duras deberemos tener claro que lo primordial es la seguridad y que en ocasiones nuestro hipotético destino es la peor opción de todas. En el mar la necesidad de márgenes es fundamental: debemos contar con acabar en otro destino o incluso dar media vuelta si fuera necesario. Del mismo modo no obviaremos la seguridad más elemental: llevaremos el chaleco y nos ataremos. Esta decisión se tomará sin estridencias, sin inducir al pánico. Ponerse el chaleco no es síntoma de desastre, deberíamos llevarlo siempre, pero nuestra cultura náutica a menudo nos hace considerarlo un artículo para emergencias cuando en realidad debe formar parte del equipamiento elemental. Por ello, a veces, cuando el patrón ordena que la tripulación en cubierta lo lleve puesto, los menos experimentados lo toman como un mal presagio. Nunca sobrarán las explicaciones a los más noveles. Tampoco es descabellado repasar el resto de equipamiento de supervivencia (pirotecnia, balsa, radiobaliza, etc…). Deberíamos haberlo comprobarlo antes de zarpar pero igual que sucede con el chaleco, en ocasiones, nos olvidamos demasiado fácilmente del material que seguramente nunca vayamos a utilizar pero que, quizás, ante una situación extrema pudiera salvarnos la vida. No permitamos que llegado el caso estén inoperativos o que nosotros no sepamos hacerlos servir correctamente.

 

En cuanto a la estrategia a seguir dependerá obviamente de las circunstancias pero por lo general lo más cómodo será navegar  a un descuartelar o un largo, intentando absorber el oleaje por amuras o aletas. El uso de trinqueta y mayor de capa son muy recomendables (esenciales en temporal) pero es muy importante no aventurarse a montar la maniobra por primera vez en mitad del chubasco: su importancia es tal y el escenario donde se desarrolla es tan violento que conviene tener a la tripulación adiestrada, o por lo menos familiarizada, con todos sus elementos.

 

También nos alejaremos de experimentos a la hora de quedar a la capa, a palo seco, ancla de capa, largar estacha por popa, etc... Cada recurso encontrará distinto acomodo en diferentes tipos de barco. Es recomendable aprovechar días de marejada para probar tales maniobras y contrastar su eficacia. De esta manera, iremos conociendo en profundidad el barco y sus reacciones: hay, por ejemplo, barcos clásicos perfectamente estables a la capa y otros, como los cruceros modernos, en los que cuesta más encontrar el equilibrio para que deriven suavemente. Se trata de maniobras de supervivencia, debemos dominarlas antes de ponerlas en práctica en un escenario real donde, quizás, no hay segunda oportunidad.

 

Una consideración especial merece la noche y la aproximación a costa, dos situaciones delicadas. Durante la noche solemos juzgar la situación más negativamente que durante el día. Es bueno ser consciente de ello. Los balanceos parecen más violentos, los rociones más fríos y agresivos y las rachas mucho más ruidosas. Pero, en principio, el temporal no aullará con más fuerza de noche, se trata más bien que en la oscuridad nuestra aprensión aumenta. No nos dejaremos arrastrar por la inseguridad y pensaremos en los miembros de la tripulación menos experimentados: unas pocas palabras de calma pueden serles de gran ayuda.

La aproximación a costa, por su parte, representa uno de los mayores peligros y no porque los patrones desconozcan el abecé de amenazas y maniobras a seguir que conforman la navegación costera. Más bien se trata de la relajación de ver el final cerca, de llegar a destino, lo que nos puede hacer perder la concentración. No dejaremos de repasar los posibles efectos costeros del viento y del mar, bajos, rompientes y desniveles bruscos del fondo marino donde el mar puede crecer significativamente, maniobras de escape en la aproximación final y posibles fondeaderos de emergencia. Navegaremos siempre con cierta anticipación aunque sin ánimo catastrofista, simplemente elaboraremos las soluciones a posibles problemas.

 

En definitiva, con mar formada se trata de ser dos veces precavido y mantener las diferentes variables bajo control, siempre dentro de la calma. Cuando nos atrapa un frente y el mar se torna agresivo, entramos en un combate de resistencia, de paciencia, de desgaste. 

De no cometer errores.

 

Dani de Bita