“El inevitable hombre blanco”; Relatos de los mares del sur, Jack London

 

Publicado el 11 septiembre, 2015

De lo mucho escrito por London, el conjunto de historias basadas en sus vivencias por el Pacífico, “Relatos de los mares del sur”, me llama la atención por su actualidad. Lo que ahí cuenta London, principalmente, es el choque cultural y económico que supuso el colonialismo, con sus excesos y desatinos, sus epidemias de brutalidad y estupidez. Yo no diría que encontramos a un autor crítico con los hechos que relata, si no más bien, una voz contemplativa, comprensiva con el curso de la Historia, tolerante con la inevitabilidad del desarrollo humano.Y no es que el mundo se debata en ensoñaciones colonialistas (o sí), o que un pueblo se crea dueño y señor de todo lo que le rodea e imponga salvajemente su credo y esperma; no es que haya personas que sean capaces de aplastar todo aquello que no entiendan desde su púlpito de superioridad ética y estética; de personas e ideologías envueltas en telas raídas de verdad, de valores, de juicios y prejuicios, de condenas absolutas dictadas desde la imaginación.

No hay nuevos mundos que descubrir, no quedan infieles que evangelizar. Sin embargo, a pesar de haber mejorado las formas, el fondo sigue existiendo: no se colonizan pueblos sino economías, no se buscan devotos sino consumidores.

Es por todo ello, que este conjunto de relatos, en especial “ El inevitable hombre blanco” me parece tan actual.

Es la inevitabilidad del fuerte sobre el débil, del ansia de más y mayor, de la apología de la avaricia. London habla del hombre blanco de entonces, hoy hablaríamos de las economías desarrolladas; habla de los salvajes, hoy se trata de las tres cuartas partes de la población que vive en la pobreza. Siempre sustentado en el eterno principio que subraya en el relato: el hombre blanco (hoy capitalista de cualquier color) no se parara ante nada hasta que no haya nada por conquistar. Y en eso estamos precisamente: en la inevitabilidad del desgaste, de la destrucción.

Nosotros, navegantes, somos un claro ejemplo. Con el paso de cada temporada, nuestros mares, nuestras calas y playas están un poco más vacías, desgastadas. Más barcos, más fondeaderos, menos posidonia, menos vida. Ya tenemos una tonelada de plástico por cada tres de pescado habitando nuestros océanos.

Y habrá ideólogos, escuelas, y tendencias; habrá todo tipo de opiniones, soluciones y milagros. Pero todos estos bienintencionados, todos estos necesarios optimistas, lamentablemente niegan la mayor: la inevitabilidad del Hombre, del nuestro, de nosotros mismos; nuestro caníbal desarrollo natural.

El viento sigue hinchando nuestras velas, forzando jarcias, pero cada pequeño rincón es mancillado por nuestra utópica búsqueda: la saciedad de la sociedad.

No somos estúpidos, somos inevitables, que diría nuestro admirado Jack.

Dani de Bita.