Y el fin de semana de la competición llegó. La hora de la verdad. Nuestro proyecto de curso intensivo de regatas (hazte regatista en una semana y sobrevive al intento) se acercaba a su final. Qué frutos recogeríamos, era una incógnita. Aunque desde S & S Barcelona solo nos importaba que hubieran muchas sonrisas al acabar la prueba. El disfrute por encima de todo lo demás. Si no hay diversión, no hay afición. Los resultados también son importantes, pero secundarios. He visto a muchas tripulaciones disfrutar más, aprender más, en barcos de las últimas posiciones que en los sempiternos ganadores. Ay, la tiranía de la excelencia...

Después de un saludable almuerzo con los demás participantes saltamos al agua. Serios y acalambrados, con los nervios royéndonos por dentro. Un par de bromas por babor y otra por estribor y las facciones se relajan...hasta que comienza la cuenta atrás. Viradas y trasluchadas se suceden, esquivando barcos, luchando a codazos por un hueco junto al comité, que estaba favorecido... ojos abiertos como platos, nuestros tripulantes no acaban de entender nuestras intenciones entre tanto caos...y todo se viene abajo a un minuto del final, cuando tras una posición muy debilitada junto a comité, para evitar que nos echen fuera decidimos trasluchar. Las prisas no ayudan y conseguimos acuartelar el foque, deteniendo la embarcación totalmente. Nos hemos quedado clavados. ¡Chapeu! La suave brisa no ayuda a retomar la marcha. Después de una semana de esfuerzo, morimos a escasos metros de la salida ¡oh, mundo cruel!

Sin embargo, mantenemos la calma. Conseguimos virar y colarnos detrás del grupo de cabeza. Cruzamos la línea y viramos rapidamente, huyendo de vientos sucios e inoportunos desventes. A partir de aquí, nuestros problemas se acaban. Un role favorable nos hace tomar la boya de desmarque en cuarta posicion. La popa nos sale rápida, recortando a las embarcaciones de mayor eslora que tenemos por delante. Los ánimos están por las nubes...ya hemos ganado, les digo, el objetivo esta cumplido: una participación más que digna.

Y para cuando estamos haciendo cálculos de nuestra posición en tiempo compensado (el podio esta asegurado) el viento comienza a caer, hasta desaparecer. La flota queda clavada, congelada en el tiempo, hasta que la voz de comité nos ajusticia: la prueba queda anulada por falta de viento. 

Pero estamos animados, no esperábamos tal rendimiento. El domingo será nuestro día, nos decimos, la segunda jornada debe ir mejor que la primera, no tendremos los nervios iniciales. 

Efectivamente el domingo el viento es algo más intenso y establecido que el día anterior. Hoy llegaremos hasta el final, nos animamos. Volvemos a salir mal (todo mérito de un servidor) y cruzamos la línea hacia la mitad de la flota. Pero recuperamos rápidamente: al finalizar la primera vuelta (con "pollo" incluido en la arriada de spi) nos encontramos luchando por la cuarta posición...y será nuestra, seguro. La confianza nos sale por las orejas.

Es entonces cuando Manuman, nuestro excelso proa, pronuncia unas fatídicas palabras: "¡esta rota, esta rota, la vela esta rota!" Efectivamente, el puño de amura se ha desgarrado. Una imagen obscena que mis ojos se niegan a reconocer. Estamos a mitad de la última ceñida y el foque esta herido de muerte. Aligeramos tensiones e intentamos llegar a boya, donde izaríamos el spi, ¡si por lo menos pudiéramos terminar la prueba!

Pero como en las buenas tragedias, con una gran dosis de suspense, otro desgarro nos dejo claro que no sería posible: no habría gloria para nuestra tripulación. 

-Arriad génova, esto se acabó.

Y se hizo el silencio, no hubo ni protestas ni preguntas. Por unos instantes parecíamos un compungido Fernando Alonso de coche roto. Poco a poco nos fuimos encontrando con la mirada, pequeñas sonrisas cómplices y lamentaciones hasta que alguien verbalizó lo sucedido:

-¡Nos han hecho vudú! ¡Ayer y hoy! ¡Los teníamos acojo++dos!-bromeamos- No sabían cómo pararnos...no podían soportar que un equipo de novatos...¡Sabotaje!

Y la risa y la alegría volvió al Limit.

El único objetivo válido en el barco y en la vida: dar lo mejor que llevas dentro. ¡Y por las barbas de Neptuno que lo hicimos!

Felicidades equipo.

 

Dani de Bita.

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