Navegación de altura, la embarcación ideal

Somos muchos los que en un momento u otro nos hemos dejado llevar por ensoñaciones relativas a grandes navegaciones donde poder dar por fin rienda suelta a nuestros anhelos de libertad. Recorrer por un año el Mediterráneo, cruzar el Atlántico, circunnavegar el globo. Algunos convirtieron sus sueños en actos y soltaron amarras. Y todos ellos tuvieron que buscar la embarcación que se adaptara a semejante reto.

¿Cuales son las características que deben definir a una embarcación de altura? ¿Qué requisitos debe cumplir para que un velero se convierta en tu mejor compañero de viaje?

 

 

Partiendo que la embarcación perfecta no existe (salvo para armadores muy devotos) podemos estar de acuerdo que algunos puntos son indispensables para podernos lanzarnos más allá del horizonte con garantías.

Es indudable que debe tener unas prestaciones más que aceptables a vela. Debe ser una embarcación rápida (o cuando menos no lenta), que te permita cierta agilidad. La navegación de altura se parece más de lo que pueda parecer a las regatas. Medio nudo de velocidad extra puede representar varios días de ahorro en una travesía oceánica. Así que la posibilidad de contar con un amplio abanico de velas y de maniobra para un ajuste fino puede resultar esencial.


Esta capacidad, sin embargo, no puede ir en detrimento de la comodidad de la vida a bordo, de la habitabilidad. Sin la necesidad de ser una embarcación pesada que solo se mueve alegremente con brisas de 15 nudos en adelante, debe tener el suficiente empaque para no hacer sentir a los tripulantes a bordo como víctimas dentro de una batidora. Sin olvidar que pasaremos largas estancias en puertos o fondeaderos. Debe tener unas buenas condiciones de habitabilidad donde a pesar de las estrecheces propias de un barco sus tripulantes no se sientan atrapados en su interior.

 

 

Debemos poder gobernarla eficazmente sin un gran despliegue humano, sin necesidad de sacar a nadie de sus literas fuera de su turno de guardia. No llegaremos muy lejos con una tripulación exhausta. Algunos patrones preferirán velas enrollables u otros se decantaron por un ketch por su maniobrabilidad. Otros armadores, no obstante, valoraran más los posibles problemas a evitar: argumentaron que las mayores enrollables pueden pellizcarse en el mástil sin más solución que la de ser izado para liberarla, o que en caso de tener que rizar todo el peso de la vela queda elevado, sin conseguir apenas modificar el centro de gravedad del barco, perjudicando así a su estabilidad. Tipo de tripulación, zona y época de navegación son aspectos que nos ayudarán a tomar decisiones.

 

Quién se embarca en una navegación de altura sabe ante todo que no siempre podrá encontrar refugio ante situaciones adversas. Nos tocará tarde o temprano, resistir un chubasco o temporal. En mi opinión quizás el aspecto más importante de todos: debe ser capaz de enfrentarse a condiciones extremas con solvencia; cuando la situación se complica de verdad a todo patrón nos gusta pensar que navegamos sobre una roca, una noble embarcación que si la gobernamos con lógica nos protegerá de los elementos.

 

Aspectos como la resistencia a zozobrar, capacidad para quedar a la capa, un buen equilibrio en el diseño que haga sencillo mantener el rumbo sin un gasto desmedido de fuerzas humanas o del piloto automático, son sin duda alguna, valores esenciales. Saber escoger un buen diseño es fundamental: curvas de estabilidad, relación desplazamiento-eslora, superficie vélica, índices, coeficientes... Podemos dotar de velas y material a una embarcación pero no podemos cambiar sus líneas y diseño, que a la postre es lo que marcará su comportamiento más primario.

 

No escatimemos en un buen equipo de comunicaciones. Cualquier ayuda es bienvenida. Los costes se vuelven muy relativos cuando la seguridad de una tripulación está en juego. Abarcamos todo lo que nos sea posible, desde un equipo de comunicaciones de respeto a teléfonos satelitales. Recibir información meteorológica detallada puede resultar de un valor incalculable. Todo ello no va en detrimento de una navegación más artesanal, con sextante y leyendo las nubes. Cuando se puede poner en riesgo la vida propia y la de otros siempre es agradable tener una carta escondida en la manga.

 

No menos importante resulta (si bien no para la supervivencia por lo menos para la viabilidad del proyecto) los equipamientos a bordo. Neveras, cocina, lavabos pueden marcar una gran diferencia si son escogidos e instalados correctamente. Tienen que ser sencillos y efectivos. Que cumplan con su función sin demasiadas complicaciones y que no tengan consumos excesivos. Una desalinizadora resultara imperativo si nuestra idea es no tocar tierra en muchos días. Y para que todo ello funcione correctamente debemos claro está suministrarles la energía necesaria. Un buen sistema de baterías/alternador, placas solares, generadores de viento…. Debemos antes de partir tener una idea bastante clara de la relación de consumos de nuestro equipamiento así como la capacidad de suministros de nuestras diferentes fuentes. No tiene más secreto que la de hacer bien los números y equilibrar la ecuación siempre con cierto margen de seguridad.


Son bastantes aspectos a tener en cuenta, con la dificultad añadida que estos factores interactúan entre sí, en ocasiones siendo excluyentes. La habitabilidad y comodidad en principio tiene consecuencias en el volumen y desplazamiento de la embarcación pudiendo repercutir en la velocidad de la embarcación. Debemos sopesar y encontrar un compromiso, perder aquí y ganar allá, en función de las necesidades propias de la travesía y tripulación. No es tarea fácil pero... ¡cruzar un océano tampoco lo es!